Valencia, junio de 2010
Reflexiones sobre la enseñanza en España
Si no fuera a parecer exagerado, diría que, desde niña, he tenido vocación por la enseñanza pública. A los trece años me negué a matricularme en un colegio religioso, después de haber estudiado en un colegio seglar, de corte liberal.
Pasé, por ello, al Instituto Miguel Servet, de Zaragoza. Al terminar el Bachillerato Superior, ingresé en Bellas Artes, en la Escuela de San Jordi, en Barcelona. Hice mi preparación en el Estudio de un pintor, Jesús Rabadán, que acababa de regresar de París y que tenía su Estudio en el popular Tubo de Zaragoza. Allá, a la buhardilla de nuestro maestro, acudía todas las tardes, durante cuatro horas. Sin duda, su método de enseñanza me influyó decisivamente. Éramos unos ocho estudiantes de lo más variopinto: desde pintores vocacionales, José Luis Cano, por ejemplo, a otros simplemente aficionados, pero había monjas también y algún oficinista que esperaba cambiar su destino. Acudía puntualmente la modelo de desnudo, una pobre prostituta retirada que se ganaba la vida en tareas de limpieza, en la Escuela de Artes y Oficios, y posando. Venían por el estudio diferentes personajes, bastante estrambóticos, que vivían a la sombra y con la ayuda del buen maestro.
Se hablaba de Arte y se dibujaba y pintaba. José Luis Cano se afanaba en su asignatura de Procedimientos, hacíamos apuntes, oíamos las sorprendentes historias de los antiguos viajes de nuestra modelo. Cuando nos cansábamos de trabajar –eso lo decidía cada cual a su aire–, pasábamos a la habitación contigua, en donde el maestro tenía una pequeña biblioteca de Arte, traída de Francia. Allá me gustaba quedarme un buen rato mirando y remirando libros con maravillosas reproducciones.
Lo que me atrajo del método pedagógico de Rabadán es que nos dejaba en libertad. Estaba en un rincón del Estudio, fumando en su pipa, dibujando; nos ponía discos de música clásica; oíamos sus comentarios, a veces sarcásticos, sobre todo lo divino y lo humano. Se hablaba de Arte, de Historia. Yo asistía asombrada a aquellas clases que me daban algo que creo fundamental para el desarrollo intelectual y humano del alumno: respeto, libertad y una buena información.
Luego, vino la Universidad, con las huelgas y problemas políticos de la época. Estoy hablando de los años 1967-72. Conocí en las aulas –estudié Filología Románica, mientras seguía con los estudios de Bellas Artes–, a buenos profesores: Francisco Abad, Francisco Induráin y Félix Monge, nuestro maestro. De este último profesor aprendí una lección que creo fundamental: la honradez, el conocimiento de nuestros propios límites, el espíritu crítico.
Posteriormente, trabajé durante tres años en el Colegio Universitario de Huesca, en donde preparé mi Tesis de Licenciatura y emprendí el largo proceso de formación que, desde luego, no terminaré hasta mi última hora.
Aprobé las oposiciones de Instituto y ocupé mi plaza en Lleida. Después de la etapa de inestabilidad laboral en el Colegio Universitario de Huesca, Lleida y el Instituto Samuel Gili Gaya me parecieron el paraíso. Allí conocí a la pintora Belén Sarto. Mis queridas alumnas, a las que ahora veo con rostro uniformemente borroso, me daban a leer a Mercé Rodoreda, a Salvador Papaseit. Había cambiado el Somontano de Huesca, la sierra de Guara, el Pirineo aragonés, por el paisaje frutal y neblinoso de Lleida y su Pirineo umbrío.
Allá por el año 1979 vine a Valencia, al Instituto San Vicente Ferrer. Trabajaba en este centro Rafael Ferreres, de quien había leído varios libros, el escultor Tonico Ballester, Vicente Gaos y un largo etcétera. Por entonces Rafael Ferreres me presentó a Juan Gil-Albert.
Pronto empecé a trabajar en teatro con mis alumnas. En 1983 representamos El sueño de una noche de verano y, posteriormente, la Tragicomedia de Don Cristóbal, de Lorca y Luces del siglo de las Luces, un montaje sobre el siglo XVIII. El Instituto comenzaba a ser mixto. Formamos un equipo de trabajo en el que participaron Gabriel Alonso, que se encargaba de los decorados; Pilar Parreño, violinista; Alicia Alcayne, pianista; José Guerola, guitarrista.
Si la dirección del centro hubiera visto el trabajo que desarrollábamos a la hora de comer, con el Instituto cerrado, posiblemente se habría espantado: en los diferentes pisos se situaban los equipos de trabajo: músicos, bailarinas, actores y actrices, decoradores. Yo iba de un piso a otro, feliz de ver aquella muestra de trabajo absolutamente civilizado. Era fácil trabajar con estudiantes de élite, en el sentido de que dominaban alguna actividad artística y querían emplear su tiempo libre en el Instituto.
Organizamos, también, viajes literarios y artísticos. En colaboración con el Departamento de Historia hicimos viajes a Almagro, organizado por José Mª Santano; a Toledo y Salamanca; a Veruela y Soria.
El Instituto iba cambiando al mismo ritmo que los tiempos. Los planes de estudio también cambiaron. Lamentablemente, el peso de la Literatura y de la Lengua se iba perdiendo. También la preparación artística de los estudiantes y, lo más peligroso, su capacidad de atención, su disciplina. Hubo nuevas asignaturas como Periodismo, la solicité y eso me permitió trabajar en una revista que creamos, Baranda, en la que participaron un buen número de profesores y alumnos del Instituto. Fueron unos años en los que por el centro pasaron el Kolectivo de Jóvenes de la Coma, la maestra de la cárcel de mujeres, Presentación Sáez; la Asociación de Alcohólicos Anónimos; el Centro Excursionista de Valencia; líderes de un colectivo por la Defensa del Sáhara; el poeta Jenaro Talens; la dibujante de cómics, Ana Miralles; el fotógrafo Emilio Ruiz. Hubo un intercambio muy intenso entre nuestro centro, que colaboró con la Librería Crisol, hoy desaparecida, nuestro barrio y nuestra ciudad, algo que creo fundamental en la educación.
Era el año 1997 y me sentía cansada por muchos motivos. Decidí dar un cambio a mi profesión, aprovechando que me habían invitado a dar un curso de Cultura y Arte del siglo XX en el Conservatorio de Danza de Valencia. Me reclamaron en comisión de servicio. De ahí pasé a la Escuela de Arte Dramático, en donde conocí a Julia Grecos y Antonio Díaz Zamora.
Durante seis años impartí Historia del Teatro e Historia y Teoría del Arte. Las experiencias que tuve como colaboradora en algunos proyectos me ratifican en la necesidad de abarcar diferentes campos dentro del ámbito de las Humanidades. Considero que la especialización es nefasta para la formación de nuestros alumnos y, naturalmente, para los docentes.
La enseñanza exige una implicación total, un compromiso. Tenemos un material humano, nuestros alumnos, muy sensible, que puede cambiar el rumbo de su vida según cómo impartamos nuestras clases. No podemos olvidarlo nunca, ni decepcionarles. Los estudiantes, por su parte, deben ser generosos también con su tiempo a la hora de participar en actividades y han de comprender que la disciplina y la buena educación son fundamentales en el trabajo y en el aprendizaje. Eso lo saben muy bien los estudiantes de Danza y Arte Dramático. Cualquier trabajo artístico exige un alto nivel de disciplina y de respeto.
A veces, cuando pienso que algún día llegará el pacto de Estado para consensuar la educación en España, imagino aulas en buena convivencia, trabajando quizá en desorden, pero con orden, con una disciplina férrea en la que cada estudiante puede sentirse libre y feliz por aprender.
Claro que la rígida disposición de las aulas, el hecho de que no se pueda contar con ordenadores en las mismas, con instrumentos de música ¿por qué no?; el hecho de que los profesores debamos ir corriendo, nada más toca el timbre que anuncia el final de la clase, de un extremo a otro, no facilita ese modelo de enseñanza que defiendo.
Tampoco nos ayuda la burocracia. Sucesivas reformas la han aumentado, posiblemente en busca de un mayor control, pero lo único que han conseguido es el hartazgo por parte de los docentes, que deben dedicar a esos menesteres momentos que necesitan para preparar clases o actividades. Ha llegado a ser más importante rellenar papeles que realizar actividades o dedicar horas extra a la mejor formación de los estudiantes. ¿No es esto una aberración?
Las únicas clases que recuerdo de cuando era niña, eran unas conferencias con diapositivas, acompañadas de música clásica. Una voz en off explicaba y relacionaba la Literatura y la Historia del Arte. Era una actividad extraescolar, del primer colegio al que asistí, el Politécnico, mucho más importante que la rutina diaria.
Me he detenido en estas consideraciones al recordar la disciplina de las materias artísticas, que sería tan deseable en nuestras aulas. Esta es la primera reforma que hay que emprender en la educación: concienciar al alumnado de la necesidad de su implicación y disciplina.
La segunda reforma, absolutamente necesaria a mi entender, debería ser la que diese prioridad a los conocimientos, es decir, en vez de dar tanta cancha a pedagogos y psicólogos, que se afanan por limpiar las asignaturas y convertir a los alumnos en siglas inextricables, habría que pedir a gritos más conocimiento, más estudio, más formación específica en las carreras. ¿De qué sirve el banal “aprender a aprender” si no se sabe qué enseñar? Que alguien con sentido común en el Ministerio, Consejerías o en donde sea, opte por dar contenido a las carreras, justo al revés de lo que están haciendo ahora. Que los jóvenes alumnos se libren de estudiar el vacío pedagógico de quienes no saben dar clase. Cuánta impostura.
La tercera reforma debería consistir en el aumento horario de las asignaturas instrumentales, lo que se conseguiría fácilmente eliminando optativas. Cuando aprobé la oposición tenía clase diaria de Lengua o de Literatura, es decir, cinco horas semanales por asignatura; ahora, tenemos tres horas semanales y, además, el Bachillerato se ha acortado sensiblemente. No comprendo cómo hay quien se rasga las vestiduras porque no se lee. Si los estudiantes no saben qué es la Literatura, si no forma parte de su mundo ¿por qué van a leer? No se trata tan solo de leer o no leer es que carecen de la herramienta del lenguaje para poder pensar, para alcanzar un sentido crítico imprescindible a la hora de afrontar cualquier estudio.
Quizá lo que ha dado el golpe de gracia a la enseñanza pública –en el siglo XVIII algunos ilustrados consideraban que la escuela era el templo de la razón, en donde debían reunirse todas las clases sociales–, ha sido la subvención a la enseñanza privada, que no existe en ningún país, ni siquiera en Italia.
Entiendo que el Gobierno, sea de la ideología que sea, debe ocuparse de los asuntos públicos, de ahí que me parezca muy grave esta subvención que aprobó, nada menos que un gobierno del PSOE. En Valencia aún hemos ido más lejos y la Generalitat, ahora del PP, subvenciona, también, el Bachillerato en la enseñanza privada, con lo que los institutos nos quedamos sin alumnos a marchas forzadas.
Es evidente que los colegios religiosos no aplican la solidaridad evangélica a la hora de admitir a inmigrantes en sus aulas y, por supuesto, se libran también de estudiantes conflictivos. Ambos van a la enseñanza pública. Algunos de estos estudiantes, si se les tratara adecuadamente, podrían ser excelentes. No se les puede marcar y condenar en una dirección, tan pronto. Todos tenemos derecho a equivocarnos y más aún a tan temprana edad. Ahora bien, la enseñanza pública no debe ser el baúl a donde va a parar lo que no quiere la privada. La enseñanza pública debe ser prioritaria para que España funcione, para que se logre un tejido social culto y capacitado, que abarque a toda la ciudadanía.
Debe ser, además, libre, sin adscripciones a ninguna ideología política, ni ideario religioso. Por esto luchaban en el siglo XVIII: pensaban que la educación era la forma idónea de erradicar la violencia y las guerras. Lo increíble es que tres siglos más tarde vivamos esta involución.
Curiosamente, los sucesivos desafueros de sucesivos gobiernos han dejado a la enseñanza pública en una situación incomparablemente peor a la del momento en que ingresé en el Instituto Miguel Servet en Zaragoza, en 1964, cuando gozaba de un gran prestigio. Se me dirá que ahora la enseñanza se ha extendido pero ¿a costa de qué? ¿Qué medios se han puesto a disposición de la enseñanza general básica? En el papel puede que quede bien decir que se va a instruir a toda la población hasta los dieciséis años, pero una vez más la realidad y el deseo nos ofrecen una antítesis irreconciliable.
Espero que la situación se enderece. Espero que haya algún político clarividente en este país que planifique reformas de largo alcance. “No basta remover para renovar”, decía Antonio Machado en Juan de Mairena. Y añadía: “A veces lo que está mal por fuera puede estar bien por dentro y al revés”. Pero nuestros políticos quieren dejar su impronta cada cuatro años y así no hay quien arregle la enseñanza.
He pasado veinte años en el Instituto San Vicente Ferrer. Después de un tiempo fuera de este centro he disfrutado de nuevo en sus aulas; observo a los mismos estudiantes de siempre, aunque sensiblemente más ruidosos. He trabajado con nuevas/os compañeras/os, excelentes profesionales. Si por algo siento dejar la enseñanza, es porque en ella se toma el pulso a la sociedad, día a día. Inevitablemente, también, al estar en contacto con jóvenes e intentar comprenderlos, nuestra mente rejuvenece de alguna manera.
Ahora, que dejo la enseñanza, recuerdo a tantos estudiantes y no sólo a los mejores en el aspecto académico. Lamentablemente, muchos pedagogos se limitan a poner siglas a adolescentes que no deberían ser limitados, ni etiquetados. Se supone que los seres humanos tenemos derecho a nuestro propio desarrollo en libertad. Si los docentes no creemos en la capacidad de nuestros estudiantes ¿van a tener ellos, a su edad, la entereza suficiente para librarse de nuestros prejuicios? ¡Tantas personas ilustres han sido marginadas por el sistema! Y así seguimos, incapaces de dotar al aula de los medios y de la flexibilidad que esas personas especiales necesitan. En mi larga experiencia docente he visto cambios espectaculares con un trato personalizado a estudiantes conflictivos. Ahora, con tanta estúpida burocracia, resulta difícil contar con el tiempo suficiente para trabajar en actividades que saquen a la luz su inteligencia o su capacidad creativa. Y ellos, todos, los excelentes y los que no lo son, son el futuro, nuestro futuro. Cuidarlo es absolutamente prioritario. No puede haber una inversión mejor que la que se dedica a la enseñanza.
Han pasado los años a la velocidad sorprendente que nos advertían los clásicos. En la vida podemos cometer errores, podemos sufrir períodos de incertidumbre, pero conozco a pocos docentes que lamenten haber dedicado su vida a esta profesión. Larga vida a la enseñanza pública. Como a Don Quijote en la aventura de los leones, “el esfuerzo y el ánimo no nos los van a quitar nunca”.
Teresa Garbí
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Brillante, simplemente brillante Sra. Garbí.
Muchas gracias, de parte de un futuro profesor de Secundaria.
Muchas gracias por leerlo. Te deseo mucha suerte en las aulas y en todo.
Enhorabuena, Teresa, por tu trayectoria y dedicación. No fui alumno tuyo en el ÍES San Vicente Ferrer pero sí conozco a muchos que lo fueron y que recuerdan con gran cariño tus clases y, sobre todo, tu preocupación por abrirles ventanas al mundo. No sabía que te jubilabas. ¡Qué rápido pasa el tiempo! Es una pena, también, que la enseñanza pública tampoco sepa, en el estado en que se encuentra actualmente, aprovechar a personas como tú que tanto le pueden aportar.
Gracias, Andrés. Pues sí, el tiempo pasa asombrosamente deprisa, y no nos deja igual. Se nota su peso. Los buenos recuerdos sirven para aligerarlo.
No existe la posibilidad de seguir trabajando en el aula, impartiendo una o dos clases. O todo o nada. Lo peor es el papeleo absurdo, que nos lleva mucho tiempo, y no sirve para nada. Espero terminar los libros que ahora llevo entre manos: una novela y un libro de relatos.
Me habría gustado mucho tenerte como alumno.
Magnífico y emocionante testimonio, lleno de sentido común y experiencia. Por qué nadie le hace caso a las personas a las que deberia habersele hecho caso desde hace tantos años????
Gracias, Manuel.
Gracias Teresa. En estos tiempos de zozobra en nuestra profesión es importante que no se pierda la opinión de quienes por su trayectoria tienen una visión de conjunto que ninguno de quienes organizan esto pueden tener.
Suerte y ánimos en tu nueva etapa.
Gracias, José.
Creo que se equivoca en su diagnóstico de la mala calidad de la enseñanza. No es que el estado “subvencione” colegios concertados, como señala, sino que estos colegios ahorran al estado la mirad de lo que cuesta un alumno. Si no existieran colegios concertados, el estado tendría que desembolsar un dinero que no tiene para construir colegios y pagar sueldos de profesores.
Y si la gente prefiere irse a un colegio religioso antes que a uno público… ¿no se ha preguntado por qué razón será? ¿por qué no analiza qué falla en la enseñanza pública y qué es lo que triunfa en la privada?
Las causas de la mala calidad de la enseñanza pública están en otras partes, me parece a mi:
1. Los propios docentes, que están penosamente formados. Las notas de acceso a las titulaciones de magisterio están por los suelos, el nivel de exigencia de estas carreras es mínimo. Cualquier persona, sea cual sea su inteligencia, puede aprobar la carrera de magisterio (un chico con síndrome de Dawn, sin ir más lejos lo consiguió hace poco, lo cual, aunque políticamente incorrecto, es un triste indicador del nivel de exigencia de nuestro sistema universitario…). En Finlandia, que tiene uno de los mejores sistemas públicos de enseñanza, a los profesores se los escoge entre los alumnos más brillantes, y la formación que tienen es excelente. Comparemos y lloremos.
2. No sólo están mal formados, sino mal pagados y considerados. En España ser maestro está socialmente minusvalorado y desprestigiado, quizá por la razón anterior. Para más inri, cada vez se cuestiona más su autoridad y su criterio, y no son escasos los profesores con depresión o sencillamente desmotivados. Muchos padres se portan como energúmenos ante los profesores de sus hijos. Hemos pasado del sopapo al alumno, al sopapo al profesor.
Así es difícil dar una enseñanza de calidad.
3. La inversión en la enseñanza no es que sea escasa, que no lo es especialmente (aunque podría mejorar), sino que se despilfarra a manos llenas. ¿Es necesario financiar una universidad en cada provincia? ¿Realmente conviene tirar el dinero pagando sueldos de profesores que no pasan por clase, o a funcionarios ociosos cuyo trabajo consiste en leer el periódico, como suecede en mi propia facultad? A lo mejor sería conveniente desviar todos esos fondos, y los de las subvenciones al cine, por ejemplo, a la enseñanza primaria y secundaria, dotarla de más medios, y que realmente hiciera la competencia a la enseñanza privada. Un sistema educativo con muchos buenos colegios e institutos, donde TODOS salgan bien formados, y con unas pocas universidades de excelente calidad, donde acudan los que realmente valen y desean estudiar. Así, quizá no tendríamos millones de borregos universitarios que ni siquiera saben escribir sin cometer faltas de ortografía, y que al final terminan trabajando de dependientes de una tienda de ropa porque SOBRAN titulados.
4. Las sucesivas reformas de los sistemas educativos, especialmente las hechas por el PSOE, han ido empequeñeciendo los niveles de exigencia, vaciando de contenido las materias, y condenando al olvido los valores de esfuerzo y trabajo. La consigna que impera es “nadie es mejor que nadie, todos somos iguales, no te esfuerces que al final todos recibiremos la misma recompensa”. Mire lo que sucede con la selectividad, ahora más fácil y descafeinada que nunca. ¡¡¡Ya hasta se puede sacar un 14!!! ¿Qué sentido tiene hacer un examen supuestamente “selectivo”, cuando en el 80% de las carreras la nota de corte es un 5? No se selecciona a nadie, sólo sirve para adjudicar las escasas plazas en las carreras más demandadas.
Con valores así, un sistema educativo está casi con total seguridad, condenado al fracaso. Debemos tener todos las mismas oportunidades (o al menos parecidas), pero todos no somos iguales ni debemos llegar al mismo tiempo a la meta. En otros países parecen tener esto más claro, y los resultados en los informes de la OCDE y en la calidad de sus investigadores y avances tecnológicos así lo confirman.
En resumen, tenemos el sistema educativo que hemos votado, el que nos gusta y nos merecemos. Ahora no vale quejarse y echar la culpa a otros. El fracaso de la LOGSE se veía venir desde que se implantó hace 20 años, y nadie ha hecho nada para evitarlo.
En su largo comentario sólo voy a referirme a algunos aspectos:
Me sorprende ese argumento de que la privada subvencionada “ahorra” al gobierno. ¿Por qué no nos ahorran del todo y se pagan la enseñanza , y sus negocios, ellos solos? ¿No es lo que acostumbramos a hacer el común de los mortales cuando nos dedicamos a una profesión o negocio?
¿Por qué van más estudiantes a la enseñanza privada?, pregunta usted. El eslogan que han utilizado -libertad de enseñanza-, parece que convence bastante. A mí me parece que está muy en la línea de la santa desvergüenza. Creo que hay un problema evidente: libertad, en este eslogan equivale a decir: “No quiero que mi hijo comparta aula con según qué alumnos -inmigrantes, o alumnos conflictivos-”. Afortunadamente, hay muchas familias que confían en la enseñanza pública. ¿Cuándo asistirán a los centros de enseñanza pública los hijos/as de la clase política o de la familia real? Eso es lo que hacen en otros países.
En cuanto a lo que usted dice de la preparación del profesorado, le puedo asegurar que me he encontrado con excelentes profesionales. Siempre la enseñanza media ha sido cantera de escritores, por ejemplo, por citar el espacio que más conozco.
En cuanto a lo que dice sobre el ahorro, evidentemente debería hacerse. Y se debería invertir mucho más en educación, para crear alumnos excelentes, por un lado, y atender, por otro, a los estudiantes conflictivos.
Gracias por su largo mensaje. Un saludo afectuoso.
Es que insisto, y perdone que me repita, pero si no hubiese enseñanza concertada, el Estado tendría que invertir una auténtica millonada en nuevos colegios. Si queremos enseñanza totalmente pública hay que pagarla porque no es gratis. Nada es gratis en la vida. Derek Bok, un antiguo director de Harvard dijo (más o menos) “Si piensa que la educación es cara, pruebe con la ignorancia”.
No es cierto que los colegios concertados seleccionen a sus alumnos como los privados. En mi barrio hay dos o tres colegios concertados y están llenos de niños hijos de inmigrantes, tan felices y contentos. Es muy recurrente y muy manido el tópico, pero no es cierto.
Los hijos de la clase política acudirán a la enseñanza pública cuando ésta sea de calidad, cosa que hoy no sucede, lamentablemente.
Aún así, afortunadamente existen profesores como usted, que se esfuerzan por hacer bien su trabajo y se preocupan por sus alumnos. Gracias a gente como usted la enseñanza pública (y la privada, que a fin de cuentas sólo destaca porque tiene más medios) conserva una mínima calidad.
Un saludo y gracias por contestar.
Comienzo con un paréntesis: (El comentarista anterior deja claro cual es el valor que preconiza la enseñanza privada concertada: la selección. Pero la pagamos entre todos. Y es falso que la formación de los profesores de la enseñanza pública sea peor que la de la privada, donde no se entra por oposición precisamente. En según que comunidades la nota media de entrada a Magisterio es de 7,5, pese a lo duro de las salidas profesionales; etc…..)
Pero lo que me interesa de verdad es el aliento que trasmite su artículo. La verdad es que rezuma sensatez, experiencia a pie de aula y, sobre todo, algo que los responsables educativos olvidan con frecuencia: trabajamos con personas, no con números, ni con presuntos delincuentes, ni con futuros drogadictos. Y ese acento en lo especial que tiene cada una de las personas con las que trabajamos me ha parecido un gran acierto. No lo olvidemos nunca.
Estoy de acuerdo contigo, Olga: trabajamos con personas, tenemos ese privilegio. Y esas personas pueden afrontar su futuro de distinta forma, según cómo sean sus experiencias en el aula. Naturalmente, hay muchos otros factores -familiares, sociales, económicos-, pero si conseguimos que se entusiasmen por algo que les contemos en nuestras clases, cambiará su modo de pensar. La lectura de poemas, la pintura, contar biografías de escritores o de artistas plásticos, interesa mucho a gran parte de alumnos conflictivos que, habitualmente, se encuentran fuera de lugar. También es cierto que este tipo de estudiante debe recibir una enseñanza en grupos muy reducidos, máximo cinco alumnos/as, y que, por supuesto, la labor no es sólo de un curso.
Gracias por tu comentario, Olga.
Hola Olga, te “aclaro” el paréntesis :-P
El valor que preconiza la enseñanza privada es la calidad, no la selección. En cualquier caso, seleccionar a un alumno brillante no es malo, mientras ese alumno haya tenido las mismas oportunidades que cualquier otro. Ese es precisamente el problema en España. Abunda una mentalidad falsamente igualitarista, que desemboca en la mediocridad más absoluta. Y a las pruebas me remito, no creo que haga falta comentar los resultados de los informes sobre la enseñanza.
Tampoco he dicho que la formación de los profesores de la privada sea mejor que los de la privada. Es exactamente la misma, sólo que la privada cuenta con mejores medios y menor ratio de alumnos por clase. Igualmente una oposición no es un buen método para seleccionar a un buen profesor. Una oposición es un (único) examen que te proporciona un puesto para toda la vida. En una empresa el examen lo haces todos los días, y si no eres bueno vas a la calle. Esa es la sutil diferencia entre los modos de “seleccionar”.
Hablas desde la ignorancia.
-Este año la nota de corte para magisterio ha sido la tercera más alta en la comunidad valenciana
- La oposición no es “adivinar” un tema. He estado de tribunal unas cuantas veces y, despues de la nota, hay un largo poso de presentación de méritos y te caerías de espaldas si vieras la formación que acreditan los aspirantes. Te puedo decir que los 4 que obtuvieron plaza tenian mas de una titulación universitaria y cursos, masters y otros menesteres bastante currados
-No sé como son los concertados de tu barrio, he ido a acompañar a la Boliviana que cuida a mi vecina a recoger la instancia a un colegio religiosoporque “ellos son muy de Dios” y en aras de esa libertad que tu citas, querian esa escolarización para su hija. Cuando salió me dijo que habían sido muy amables pero no le habían dado instancia porque no quedaban plazas. Entré yo a por la solicitud y me dieron tres por si me equivocaba. Alabado sea Dios.
La enseñanza publica se empezó a hundir cuando se estaleció la declaración de la renta como primer criterio para la admisión. Esto colocaba a los ricos con los ricos y los pobres con los pobres. sufrí en mis carnes lo que era quedarte fuera del colegio que hay pared por medio con tu casa con una renta media – media. se terminó de hundir cuando se manejó el criterio de que lo democratico era “todos juntos” de resultas los que pudieron quitarse los problemas_ privada y concertada_ los sacaron de las aulas y los dejaron caer en la pública sin medidas para que esto no constituyera un lastre para la gente con ganas de aprender. Los itinerarios diversificados y con puentes hubiera sido la solución, pero el totum revolutum era más barato y se podía envolver en un discurso aparentemente integrador.
-Tambien te equivocas de plano, y de esto deduzco que no estas muy metido en el tema y hablas más desde las campanas del PP que desde el cuerpo a cuerpo, en que la privada está menos masificada, el negocio es el negocio, mientras en la pública estamos sore 34 + – 1 en la prinada se puede llegar a los 42 (dato de primera mano). En fin, querido, me encanta tu preocupación por el tema y me preocupa tu ignorancia opinadora.
Creo que te refieres al comentario de Javier. Estoy de acuerdo con tus consideraciones: en lo que dices de la separación de clases sociales, en la preparación de los profesores… Gracias.
Querida Teresa: Yo sí fui alumna tuya en el IES San Vicente Ferrer, y pude disfrutar contigo de la literatura y de la manera en la que nos enseñabas a encariñarnos con ella, así como de uno de esos viajes literarios a los que haces referencia. En cierto modo, era como si cada alumno fuéramos para ti como la rosa del principito, a la que regabas y de la que eras responsable. Es increíble lo rápido que pasa el tiempo y que te jubiles ya, y, sin duda, una gran pérdida para la enseñanza. Mi más sincera felicitación por tu carrera profesional y un abrazo enorme.
Muy querida Susana: te recuerdo, inteligente, brillante y buena persona. Ojalá te vaya todo muy bien. Me tienes a tu disposición siempre. Un abrazo
Teresa, soy profesor universitario (el difícil adiestramiento que se practica en etapas anteriores está muy por encima de mis capacidades). Estoy de acuerdo con mucho de lo que dices. Sobre algunos temas no tengo opinión formada, por simple desconocimiento. En otros asuntos discrepo. Pero he leído tu reflexión con interés creciente a medida que avanzaba (normalmente suelo tirar contra la pared casi todo lo que intento leer sobre educación al tercer o cuarto tópico absurdo que me intentan colocar). Creo que el debate sobre este tema crucial debería llevarse entre personas como tú. Profundamente expertas, que no especialistas. Dialogantes, que no consensuantes cerriles. Profesionales a pie de trinchera, que no políticos que los mismo valen para un roto que para un descosido, a juzgar por las incoherentes sucesiones de cargos que ocupan. Temo que no será así. El camino hacia la escena de ese diálogo está jalonado de pruebas que favorecen a los trepas, a los politicuchos de corrala, a quien no lleva puestos más valores que los del ascenso personal a toda costa, a los que ofrecen soluciones-electoralmente-rentables. La buena noticia es que esos escenarios de verdadera enseñanza que describes tan conmovedoramente nunca dejarán de existir, pese a los burócratas que pese. Siempre habrá grupos espontáneos de alumnos y profesores. Siempre habrá chicos y chicas con un brillo en los ojos pidiendo bibliografía o suplicando orientación filosófica, estética, científica. Y te aseguro que siempre estaremos quienes, como tú has hecho, con todo el placer del mundo les dediquemos todo el esfuerzo de que seamos capaces, hasta en nuestro tiempo libre. Porque la verdadera enseñanza está más allá de las condiciones laborales, de la corrección o la incorrección política, de la burocracia y de los vaivenes políticos. Siempre.
Pues sí, Pablo, esa impresión tengo: la enseñanza pública seguirá adelante, en manos de estudiantes que siempre van a seguir teniendo interés por aprender y de profesores de a pie que trabajarán con entusiasmo. Una de las experiencias más gratificantesa estos últimos años ha sido compartir actividades con profesores que acaban de empezar. Por una parte me ha alegrado intensamente saber que todo queda en buenas manos y, por otra, me ha hecho sentir, una vez más, que los tópicos -en este caso, que la edad nos hace diferentes- no se han cumplido.
Gracias por tus observaciones, Pablo.
Teresa me ha gustado mucho todo lo que expone y sus vivencias y cómo las cuenta.
Soy alumna de 3º de ESO de un colegio privado de Zaragoza. Llegué aqui hace 6 años procedente de un colegio público y anteriormente había estado en uno concertado.
Solo puedo decir que aquí han sabido dejarme aprender :)
Te agradezco mucho tu carta, Nerea. Que tengas mucha suerte en todo.
Tuve la gran suerte de estudiar desde 2º de BUP a COU en el Instituto San Vicente Ferrer, hace ya demasiados años. Me llevé muchas cosas buenas de esos años pero, sobre todo, el privilegio de conocerte, un enriquecimiento que, de otra forma, me habría perdido.
Recuerdo la sorpresa que me producía tu entusiasmo al leer algún pasaje en clase, fuera de lo que estábamos acostumbrados; y el día que nos hiciste retirar las mesas y las sillas y ponernos a hacer “el borracho”, dejando la vergüenza de lado.
Y, por supuesto, la oportunidad de hacer una maravillosa función, El sueño de una noche de verano, que nos hizo creernos actores por unos días (de hecho, alguna llegó a serlo).
Sé que te quedan muchas cosas por hacer, nunca te he conocido sin algún proyecto en marcha. Jubilarte, jubilarte … no creo que lo hagas nunca.
Muchas gracias por todo.
Gracias, Raquel. Fuiste una excelente alumna y desde hace tiempo, una gran amiga.
Buenas tardes, Teresa:
Haciendo una búsqueda en temas educativos he entrado a esta página.
Al ver el tono tan personal y el estilo de la reflexión que hacías, me he interesado en su lectura, aunque no tenía que ver con el tema que buscaba..
Soy también de los que vivimos la universidad de finales de los sesenta y principios de los setenta. Después he dedicado 27 años a la enseñanza secundaria y ahora estoy en trabajos universitarios.
Me ha interesado mucho ver en las vivencias que reflejas toda una época de experiencias educativas con las que tanto me identifico personalmente.
Coincido contigo en muchas cosas y, especialmente, en la pasión y en esa visión comprometida de la educación que transmites, pero como en el diálogo conviene también marcar las discrepancias, sí que me animo a decirte que me parece muy negativo para el futuro de la educación en este país ese remarcar la controversia entre pública y privada que observo en tus reflexiones.
Trece de mis años en la secundaria han transcurrido en institutos públicos (dos distintos y en épocas distintas) y catorce he trabajado en un colegio concertado, también en épocas distintas. En los dos he trabajado tanto como profesor normal, como con responsabilidades directivas. La experiencia me dice que de los dos sistemas se pueden decir muchas cosas buenas, regulares y algunas malas, claro, aunque no voy a hacer ahora un análisis detenido.
Creo que es muy lícito (y conveniente) criticar a la enseñanza privada (y a la pública); pero estoy casi seguro que, dada la sensiblidad que muestras a lo genuino de la educación; si hubieras vivido más de cerca la experiencia de la concertada, tu juicio sería mucho más benévolo y equilibrado. Sinceramente pienso que, en este punto, no eres justa en tus comentarios, seguramente porque los avatares ideológicos que nos ha tocado vivir en los últimos decenios nos condicionan tanto que es difícil sustraerse a ellos.
El problema de la pública no es que exista la privada. Y no hacemos ningún favor a la mejora de la educación, en mi opinión, haciendo ver que la solución debe ir por axfisiar a los centros concertados.
En fin, como te decía, este comentario que hago es perfectamente compatible con alegrarme con tus opiniones y vivencias tan vibrantes en este mundo de la educación.
Saludos cordiales
Luis
Gracias por tu correo, Luis.
No puedo evitarlo: supongo que, como todo en la vida, la enseñanza privada y concertada tendrá cosas buenas y malas. Y lo mismo la enseñanza pública. Sólo quiero decir que en un país y dentro del orden de prioridad de su gobierno, la enseñanza pública debe ser la primera. Defiendo lo público, aquello que iguale y reúna a toda clase de personas y de clases sociales en un aula, porque es enriquecedor. Sí, en los colegios concertados se reúne, también, gente del barrio, pero no tienen la misma presencia de inmigración que en los centros públicos, ni de lejos.
Tal vez la enseñanza privada tenga más en cuenta el trabajo personal de cada profesor, y premie más sus esfuerzos, no lo sé. Pero tiene restricciones ideológicas importantes que pueden influir en la falta de formación de los estudiantes. La libertad es esencial para todo pero mucho más en el sistema educativo. Es interesante que los estudiantes se formen aprendiendo de profesores con diferentes ideologías porque aprenden a relativizar y, sobre todo, a pensar. En un centro en el que se defiende un ideario me parece difícil alcanzar esta libertad.
En la libertad que defiendo, por supuesto, también está el respeto por los centros privados y concertados, por las personas que los defienden y los apoyan, pero, evidentemente, no me parece ese el mejor sistema de enseñanza.
Gracias de nuevo, Luis.
Hola Teresa!! ¿te acuerdas de mi? fui alumno tuyo el año pasado y he leido tu reflexion sobre la educacion en españa.
Este año estoy en el instituto estudiando 1º de bachillerato y solo tenemos 3 horas de castellano, mientras tenemos 4 horas de informatica y de las demas optativas, pero bueno que se le va a hacer. Bueno Teresa, no sabia que te jubilabas despues de acabar el curso pasado pero bueno que te vaya bien en todos tus proyectos.
Un saludo.
Me alegra mucho saber de ti, Ximo. Claro que me acuerdo. Te deseo mucha suerte en todo.