Escribí este artículo para el Suplemento Artes & Letras del diario ABC Comunidad Valenciana. Apareció publicado el 26/11/2011.
(Wáluk, de Ana Miralles y Emilio Ruiz, Astiberri 2011)
Ana Miralles y Emilio Ruiz acaban de publicar un nuevo cómic, Wáluk (Astiberri). Trata del desamparo de un osezno polar, abandonado por su madre, y sus aventuras con otro oso viejo que lo protege, Esquimo. Esta anécdota les sirve de punto de partida para informar al lector, con una excelente documentación, del estado del Ártico, del cambio climático, del acoso a los osos polares, que han perdido cazaderos en donde alimentarse y territorio en donde vivir.
No es el primer trabajo que hacen en común: El brillo de una mirada (La General, 1990, Glénat y Blue Press); En busca del unicornio, versión de la novela de Eslava Galán, (Glénat, 1997-99); De mano en mano, ambientada en la ciudad de Valencia (Ediciones de Ponent y Dargaud, 2009). En los próximos días sale otro álbum, Muraqqa, (Francia,12BIS; y Alemania, Alles Gute!), una historia ambientada en la India del siglo XVI.
Ana Miralles ha publicado, con otros guionistas, trabajos muy conocidos: la trilogía Eva Medusa, (en 1991, con Antonio Segura) y diez volúmenes de Djinn, con Jean Dufaux, en Dargaud. Su amplia carrera ha sido reconocida por el Gran Premio del Salón Internacional del Cómic de Barcelona a toda su trayectoria profesional.
La historia de Wáluk es inteligente, humana, compleja en su sencillez y en su economía literaria. La posible desaparición del oso polar, ese animal bello y terrible, que habita un medio tan hostil, se expone sin dogmatismo. Incluso los humanos, que provocan en gran medida esa desaparición, lamentan el sufrimiento de los osos. Pero que nadie piense que se trata de un relato políticamente correcto: a su complejidad se añade que una gran dibujante, Ana Miralles, grande también en sensibilidad, aborda la vida y la muerte, la necesidad de subsistir con la caza, la crueldad, con realismo y enorme belleza.
Se trata de un álbum que enseña mucho sin pretenderlo, de una forma natural, como el maravilloso paisaje, blanco sobre blanco, de enorme dificultad para ser dibujado. La vida es así, parece decirnos Wáluk, solo en la carretera helada –cuando acaban de capturar a su amigo Esquimo–, rodeado de las basuras de los humanos, a donde han acudido en busca de alimento, como tantos animales, en cualquier país del mundo. Frente al peligro de extinción, la pérdida de territorio, la escasez de recursos, Wáluk, alentado por Nanook, la deidad de los inuit, lucha por rescatar a Esquimo, en compañía de los demás osos, lo que introduce un atisbo de esperanza: los animales –los seres humanos–, unidos, pueden luchar contra las limitaciones y la adversidad.
En el prólogo de Emilio Ruiz se explica por qué se ha elegido al oso polar como protagonista del relato: por su belleza, sus cualidades físicas, su implacable fuerza, que hace temible un encuentro con él. El oso polar, dice, nos produce “admiración y temor”. Son ágiles y hermosos, “fieros y humanos”. “Cuando las navieras de todo el mundo diseñan por el Ártico nuevas rutas de verano para sus barcos, mientras los países del entorno luchan por recursos naturales, como el gas o el petróleo, y el mundo del oso desaparece”, Ana Miralles y Emilio Ruiz recuerdan que debemos protegerlos.
Wáluk no es sólo la historia de un paisaje y sus habitantes, condenados a morir, por el intrusismo de la industria humana. Es una obra de arte que contiene unos dibujos prodigiosos en cada viñeta, en cada página. Con su perfección blanca y armoniosa, nos obliga a asumir que los seres humanos no somos los reyes de la creación y que el futuro pasa por el respeto a la naturaleza.
Un álbum hermoso para mayores y pequeñ@s.
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