La presencia y la figura

Los versos de San Juan de la Cruz infunden ritmo a la exposición, comisariada por José Saborit, que lleva este título: La presencia y la figura. Hasta el 21 de abril de 2013 se podrá visitar  en el Centro del Carmen. Es una ocasión única para conocer el estado en que se encuentra la pintura en nuestra Comunidad. Se trata de un gran trabajo absolutamente necesario. Primero, porque los ciudadanos de a pie queremos saber qué hacen nuestros pintores –o una parte representativa de los mismos–; segundo, porque si algo deben procurar nuestras instituciones y para algo tienen que servir nuestros espacios, es para dar a conocer a nuestros jóvenes –y no tan jóvenes– artistas. Ojalá se realizaran encuentros como este en los distintos espacios de nuestra Comunidad con normal asiduidad. En esto sí que merece la pena invertir –aunque en este caso la inversión ha sido mínima–,  porque se trata del futuro de nuestros artistas y de nuestra Comunidad.

Con una exposición como La presencia y la figura nos sentimos ricos, fuera de la crisis, con una vida pujante que ofrecer al mundo. Las paredes del Carmen hablan elocuentemente de nuestra capacidad para salir adelante. Este es nuestro patrimonio: un trabajo bien hecho y una capacidad creativa de gran fortaleza.

Los límites de la selección de pintura que podemos ver hasta abril son amplios: “la tradición de la pintura, esa tradición del mirar que mira al mundo, a lo visible, sea eso lo que sea, e incluso a la realidad, ese misterio inagotable”.

En el amplio escenario del convento del Carmen el espectador se sorprende por la grandiosidad de las imágenes que se pergeñan sobre los muros encalados como si hubieran crecido allí. Fantasmas, rostros apenas esbozados o perfectamente dibujados; paisajes sugeridos que abren una interrogación; poemas vivos, escritos con trazos y color.

  La presencia y la figura

El empastre de Wert

La nueva ley de reforma educativa: otro empastre para terminar de hundir la enseñanza pública. Sin pausa han ido introduciendo cambios. Por ejemplo, el aumento de la ratio de alumnos por aula; el aumento, también, del número de horas de docencia y sobre todo, desde el propio gobierno, con una desfachatez asombrosa –y mira que ya no nos puede asombrar nada–, se ha intentado desprestigiar a la enseñanza pública. Ahora se disponen a darle la puntilla.

 En la nueva ley aparecen reformas que nunca deberían aprobarse:

 Se va a concertar a los colegios que segregan por razón de sexo, después de que se pronunciara en contra el Tribunal Supremo. Aunque el gobierno no subvencione a estos colegios, eso no quiere decir que los padres no tengan capacidad de elección. Simplemente tienen que pagar. Tan fácil como eso. Y, por supuesto, como dijo el Tribunal Supremo, no se vulnera su libertad. Véase lo que opinamos en su día: http://teresagarbi.wordpress.com/2012/08/26/chicas-y-chicos-por-separado/

Pero las leyes se saltan a la torera cuando hace falta. ¡Pues claro! Nada más fácil para un ministro que se identifica con un toro bravo que saltarse todo a la torera. Aquí se aplica la ley del embudo: para unos, la justicia es implacable y para otros, suave y permisiva. ¿No hemos visto como a según qué personas el estado les permite blanquear su dinero negro y a otras, las empujan al suicidio sin una ley que les proteja de la avaricia de los bancos a los que estamos sosteniendo con dinero público?

Se insiste machaconamente en la libertad. Otra vez con el mismo mantra que no es sino pura demagogia. Y para que la libertad sea mayor, nos dicen, se permitirá elegir cualquier colegio, no importa que no esté cerca del domicilio familiar. No me imagino que una persona de escasas posibilidades económicas pueda elegir un centro en la otra punta de su ciudad porque eso le ocasionaría gastos que no puede permitirse. Es decir, los que eligen en este caso, sin duda, son los que tienen medios. Además, los estudiantes que no los tengan no pueden acudir a un centro concertado en donde tienen que pagar por supuestas actividades y otros conceptos, dado que esos centros concertados no son gratuitos, aunque deberían serlo. La inspección parece no controlar estas infracciones de la ley. Con la Iglesia hemos topado.

Bien es verdad que en los resultados globales la calidad de la enseñanza pública y la de los privados y concertados, si se aplica el criterio socioeconómico, están igualadas. Quiere decir esto que la enseñanza pública sigue adelante, a pesar de todo. Forzosamente tiene que ser así porque, para empezar, se le han exigido unas oposiciones al profesorado; tienen que impartir las asignaturas que pertenecen a su especialización y por ahora su horario es menor, pese al aumento que han sufrido. Se supone que los docentes tienen que invertir tiempo en su formación académica y pedagógica, y en preparar sus clases, aunque no lo sepan algunos (bastantes) políticos.

Los colegios concertados casi no tienen inmigrantes,  porque se derivan a la pública. También intentan librarse de los estudiantes que obtienen peores resultados. Si el gobierno del PP prefiere apoyar la enseñanza concertada, lo que a todas luces es una dejación de su responsabilidad –atender exclusivamente a la enseñanza pública–, será por alguna razón. Después de los pingües beneficios que la clase empresarial obtuvo de la construcción, ahora han dirigido su mirada hacia la educación y la sanidad que, aunque generen menos rendimientos que los pelotazos de antaño, son valores seguros.

Curiosamente esos gestores de lo público, que se presentaron a las elecciones y dicen representarnos gobernando por decreto ley, cobran generosos sueldos por gestionar lo público. ¿Y se atreven a regalar todos nuestros bienes a las empresas privadas?  Así han acabado con Iberia: después de absorber tanto dinero público, después de crear la T4 para ella, para la compañía de bandera, la desbaratan, la regalan y ni siquiera son capaces de mantener vuelos a la Habana o Santo Domingo. Estos señores del gobierno son patriotas de opereta.

En esta nueva ley de Wert la competitividad es un bien que debe extenderse a la enseñanza y a los centros. Curiosamente, cuando a los alumnos se les convierte en loros que repiten respuestas a los exámenes, quizá el centro obtendrá un escalafón más alto, en cuanto a calificaciones, pero se están pervirtiendo la enseñanza y el pensamiento. Al parecer, los gobiernos no quieren que pensemos. De toros se trata, al fin y al cabo, dado que el propio ministro se define como toro bravo que se crece con el castigo. Y nosotros que pensábamos que este señor era más bien un manso dado su servilismo con la  Iglesia.

Pero, a tenor de las palabras del ministro, más bien les interesa tener una ganadería de toros bravos sin cerebro y que sólo embistan. El ministro Wert no sabe que Antonio Machado, profesor de Instituto de Enseñanza Pública, dijo en su día, en su libro Juan de Mairena, que el problema de España es que de diez españoles, nueve embisten y uno piensa. Ahora el ministro quiere que todos embistamos.

 Y una buena embestida es lo que pretende ser la nueva Ley.

La codicia no tiene límite. Y quienes detentan el poder tampoco tienen límite. Ni vergüenza. El límite, que debería ponerlo la ley, ya ven cómo lo puentean los codiciosos. No han tenido bastante, en el caso de la enseñaza pública, con la situación marginal a que la quieren abocar.

¿Cómo es que los padres prefieren llevar a sus hijos a un centro religioso? Es inconcebible que confíen su educación a aquellas personas que se ponen por montera las necesidades de los estudiantes sin recursos y juegan con las palabras, sobre todo con el término libertad. No quieren que haya libertad, pero usan la palabra para extender una cortina de humo o para tranquilizar conciencias, vaya usted a saber.

Nadie debería querer que sus hijos reciban un ejemplo de insolidaridad tan tremendo ni que crezcan en un falso mundo competitivo que les impida pensar. Sería deseable una enseñanza pública, libre de verdad, en la que convivan todos los ciudadanos, de cualquier ideología, religión y clase social. Una enseñanza que desarrolle sólo esa competitividad que se basa en la reflexión y en el libre pensamiento, en el respeto hacia los demás y en el trabajo serio y sin trabas. Una enseñanza laica que valore por igual a los dos sexos y les dé las mismas oportunidades, que eduque en la solidaridad a la hora de pagar impuestos y enseñe a no expoliar las arcas públicas.

Supuestamente vivimos en un país laico, pero el ministro de educación pacta con la conferencia episcopal, directamente, y entre ellos deciden qué asignatura de religión se imparte y cuál será la alternativa. ¿País laico? Al menos antes, a los colegios privados, religiosos o no, les hacían pasar exámenes en la pública. Al final, pretenderán que sea la pública la que pase por el aro de la privada.  

Todavía no comprendo cómo en la Comunidad Valenciana, en donde no hay dinero para nada, están subvencionando el Bachillerato. ¿No es sorprendente? ¿A nadie se le ocurre que se podría ahorrar una buena cantidad de presupuesto y los estudiantes que no quisieran o no pudieran pagar una enseñanza privada estarían muy bien atendidos en la enseñanza pública? ¿Y a los centros, religiosos o no, concertados, no se les ocurre tampoco que deberían evitar esa subvención por una evidente solidaridad en los tiempos que estamos viviendo?

Con la reforma se va a establecer un ranking de centros para que los padres elijan. Ya hemos comentado nuestras reticencias a esta supuesta libertad. Si hubiera becas para los que no tienen recursos tal vez podría hablarse de libertad. Mientras esto no suceda, se trata, simplemente, de un timo para los que tienen menos medios.

Lo de medir la excelencia de los centros mediante un ránking se ha ensayado ya en Inglaterra, con malos resultados, por cierto. Hay que tener en cuenta algo esencial: la educación necesita ritmo lento, reflexión, años de entrenamiento, de lecturas, de investigación. Y no le van mucho los ránkings, ni los escalafones. Ni el propio Einstein, habría estado bien colocado en esas mediciones pensadas para aumentar la mediocridad.

La educación necesita libertad, convivencia, estímulo y un buen profesorado que cuente con apoyo, respeto y reconocimiento social. Algo tan evidente pero tan inalcanzable para gran parte de nuestra clase política, tradicionalmente tan inculta. La prueba la tenemos en la vesania con que se está suprimiendo el Bachillerato artístico o en la penosa situación en que quedan, en los nuevos planes, Música y Filosofía y todo lo que se relacione con el mundo de las Humanidades.

En la Comunidad Valenciana los estudiantes se someten a las llamadas Pruebas Diagnósticas. No participamos en los informes Pisa. Las pruebas Diagnósticas dan lugar a muchos errores de evaluación y además podrían ser fácilmente manipulables, dado que los evaluadores son los profesores de los mismos centros y naturalmente algunos centros están interesados en obtener una buena posición.

No. No tienen razón los que han forjado la nueva ley. Será brava, brutal, sin pensamiento, en tanto se basa en la desigualdad. Señor Wert: no siga lanzando cortinas de humo con temas lingüísticos. Se le ve el plumero: usted está fortaleciendo a la enseñanza privada, en detrimento de la pública, y está pactando con la Conferencia episcopal. Usted, a quien le pagamos por defender lo público, se ha equivocado de camino. Asuma su responsabilidad, que es lo que toca, como dicen los de su partido, o dimita.

Ha muerto Pepe Mas

Ha muerto José Mas. Catedrático de Instituto, en Valencia, investigador –son muchos y notables sus estudios y ediciones críticas–, poeta.

Junto a su mujer, Teresa Mateu, ha desarrollado una actividad cultural arrolladora que abarca desde ciclos de animación a la lectura, en la Universidad Politécnica de Valencia, hasta la dirección de la colección Cátedra Base.

José Mas y Teresa Mateu han dejado una estela de estudiantes a los que enseñaron a conocer y a amar la Literatura. Con Pepe y Teresa hicieron teatro y comprendieron que el aula es un lugar vivo.

Hace unos años José Mas, que ha sido músico –pianista, concretamente–, amplió su interés por el ritmo en sucesivos poemarios: Orquesta de sombras; Efectos especiales; Resonancias; Península del olvido; Por el espejo de la voz; Preludio en luz menor; La ondina y el ciego príncipe, en los que la música ocupa un lugar esencial.

Admirables han sido sus trabajos, su producción poética y su dedicación a la enseñanza.

 

Incluyo un enlace para quienes quieran conocerlo a través de sus palabras:

 http://www.artepoetica.net/pepe_mas.htm

 

Sobre la restauración de Borja

 

Desde hace algunos días ha sido noticia en Aragón la dudosa “restauración” de un Ecce Homo, convertido en “Ecce Mono”, según algunos comentarios de la red.

 La señora que lo ha restaurado se ha metido en camisa de once varas, en algo que la superaba completamente, pero como “la ignorancia es atrevida”, se puso a ello con los resultados que se han dado a conocer.

 Salvo un artículo de Domínguez Lasierra que, en mi opinión, enfocaba muy bien el problema, atribuyéndolo a los tiempos que vivimos, en los que la impostura y el todo vale están a la orden del día, me han sorprendido las alabanzas que dedican a la aficionada a meterse en lo que no le toca.

 Dicen que lo ha hecho con buena voluntad. Sólo faltaría que a su edad anduviera haciendo pintadas, a mala intención. Pero, además, se invoca a la buena señora como imagen posible de Aragón. Eso es lo asombroso: que una actuación irresponsable –no sólo de la señora, por supuesto, sino de los que la permitieron–, en vez de ser reprobable, se haya “puesto en valor”, como se dice ahora. Este episodio chusco –por lo notable de la restauración– ha saltado a la prensa internacional. Se habla de derechos de imagen –la horrible–, de mucha cuantía y, tal vez por eso, se ha dado una vuelta de tuerca, se ha hecho de la necesidad virtud, y lo que debería ser atajado de forma ejemplar, se ha convertido en comentarios “buenistas” e interesados.

 Los ciudadanos de Borja y sus instituciones se equivocan si aceptan ganar dinero de un error y de una irregularidad. El futuro de Borja y del Monasterio de la Misericordia no puede mover a risa. Y risa y pena es lo que inspiran los resultados de tamaño destarifo. Si esta “restauración” puede hacerse impunemente en nuestro patrimonio, imagínense la imagen que damos. No hay otro arreglo posible que intentar deshacer el entuerto y educar a los aficionados diciéndoles: “Zapatero, a tus zapatos”.

 Que quede claro que los últimos responsables son las instituciones. ¿No es vergonzoso el estado en que se encuentra el Monasterio de Sariñena, que contiene frescos de Bayeu, cuñado de Goya? Y la DGA dice que no puede hacerse cargo de nuestro patrimonio porque resulta caro de mantener.  Apaga y vámonos. Si no son capaces de atender a lo esencial,  con lo que generarían, además, puestos de trabajo ¿para qué demonios están y para qué tamaña profusión de cargos?

 

 

La educación y la cultura de doña Espe

Esperanza Aguirre descubre ahora, junto con la responsable de Educación de su gobierno, que si no hay comedor en los centros públicos de enseñanza, la culpa es del profesorado que trabaja muy pocas horas y no invierte algunas más en atender los comedores para abaratar costes. A esto nos tienen acostumbrados los diputados del PP: al menosprecio de los profesores y de la cultura en general.

Naturalmente, que un profesor haya estudiado una carrera, haya hecho una especialidad y posteriormente una oposición, a la señora Aguirre le deja fría. Al fin y al cabo, en la carrera política, no hay que hacer nada de eso y luego, no hay que dar golpe, apenas. Además, en contra de las obscenas observaciones de algunos diputados que dicen no poder llegar a fin de mes con su mísero sueldo de 5.000 €, o la de alguna gloria valenciana que increpa, no se sabe a quién, si a los parados o a los de la oposición, “¡Que se jodan!”, estos señores y señoras no saben lo que es tener delante a cuarenta estudiantes, algunos de ellos sin conocer ni de lejos el idioma, con graves problemas de integración; no saben lo que es preparar actividades culturales. ¿Cómo van a saberlo si su incultura llega a gravar el teatro con un 21% de IVA o a promover a espantosos artistas que los alaban? No saben lo que es la preparación de clases en la que los profesores invierten bastantes más horas que las del horario académico; ellos no necesitan formarse: con hacer de palmeros y aplaudir los incalificables recortes que se aplican al pueblo, ya tienen bastante. No necesitan estudiar idiomas, porque tienen traductores; seguramente, no leen más que algún best seller facilón que es lo único que entienden.

Los políticos llegan a pensar que los demás somos idiotas porque si no, no se comprende que no haya dimisiones inmediatas cuando se escandaliza y se ofende al pueblo. No se les ocurre siquiera que nosotros tenemos recetas para ahorrar mucho más eficaces que las suyas. Por ejemplo:

Los políticos estarán obligados a prescindir de traductores. Si los necesitan, que se los paguen. Se supone que si no han hecho otra cosa en su vida que estar en política, al menos podrían haber aprendido algún idioma.

Los diputados, por turnos, deberán encargarse de la seguridad del congreso y de tareas de limpieza del mismo. Que no se escandalicen: los profesores de la enseñanza pública, desde hace años –supongo que los de la privada también-, cuidan los recreos de los estudiantes y a ellos no se les caen los anillos, a pesar de estar mucho mejor preparados que los diputados.

Como tienen disciplina de voto, con un solo diputado por partido en el Congreso, que represente a los demás, ya tenemos bastante. ¡Imagínense el ahorro que supondría! De paso, nos libraríamos de las escenas tan poco edificantes en que los señores diputados se enzarzan en insultos y aplausos interminables.

A los gobiernos sucesivos, sean del color que sean, les prohibiría tener asesores: si los necesitan, ahí tienen a la Universidad y a los funcionarios que los asesorarían gratis.

Asimismo prohibiría que se corrompiera a la administración pública –garante de nuestra democracia-, engrosándola con cargos y puestos creados a dedo para colocar a sus fieles. Se da la paradoja de que cada partido tiene derecho a “sus puestos chollo”, pero, curiosamente, se desprestigia a los funcionarios de carrera, que son los que trabajan realmente y se les baja los sueldos como si fueran los culpables. Vaya demagogia. En eso, en utilizarla, sí que son los actuales políticos maestros.

No voy a repasar las innumerables prebendas y chollos, escandalosos, a los que sus señorías no tienen a bien renunciar, en bien del interés de España. ¡Qué renuncien ellos!, pensarán o bien, en ese estilo más castizo: ¡Que se jodan ellos!

Desde aquí invito a los lectores de este texto a añadir nuevas recetas que nos hagan ahorrar con mucha más eficacia que con las que se le ocurren a doña Espe.

Chicas y chicos por separado

    

Vivimos unos momentos en los que vemos lesionar nuestros derechos día a día. Si esto no se remedia y pronto, no sabemos hacia dónde nos puede llevar tan peligrosa deriva.

 

De nuevo el ministro ¿de Educación? Wert nos pretende hacer comulgar con ruedas de molino. Se escuda, otra vez, en el consabido derecho de los padres a la libre elección. El Supremo en sus dos sentencias deja bien claro que si los colegios segregan por razón de sexo a sus estudiantes, no tienen derecho a percibir subvenciones públicas. Añade que la pérdida de financiación no perturba el derecho constitucional de los padres a la libre elección. Si a cualquier padre le apetece que sus hijas o hijos vayan a colegios de chicas o chicos, por separado, es evidente que lo puede hacer. La sentencia del Supremo es muy clara. Lo único que tienen que hacer es pagar.

 

Me da la impresión de que los colegios privados de la Comunidad Valenciana que separan a chicos y chicas tienen un alumnado que se puede permitir pagar sus cuotas mensuales sin problemas. Por el bien de la sociedad estas personas deberían preocuparse por aquellos estudiantes que no pueden ni comer. Y si además, son religiosos, su desvergüenza no tiene límites. ¿Pretenden que entre todos subvencionemos sus caprichos y sus negocios privados?

 

Me llama la atención, hace meses, que en la Comunidad Valenciana no se haya planteado como una necesidad ineludible acabar con la subvención al Bachillerato en los centros privados. Estamos en la ruina, al parecer. No hay dinero para nada. El paro llega a límites insostenibles y sin embargo, esa desacertada decisión del (des)gobierno de Camps de pagar a negocios privados para que impartan su bachiller se mantiene, sin que nadie la cuestione.

 

Soy de la opinión de que el Estado debe preocuparse por sostener una enseñanza pública, de  calidad, a la que puedan asistir todos los estudiantes, sin discriminación alguna. Esa es la única libertad posible de elección que conozco. Lo demás es demagogia, intereses privados y nada más. En un Estado en el que los ciudadanos tengan una educación pública excelente, los que no quieran, por lo que sea, acudir a ella, insisto, que se lo paguen.

 

Esta es la ley del embudo, a la que nos quiere someter el PP, ni más ni menos: al que más tiene, se le deja “elegir” más, lesionando los derechos de la gran mayoría. ¿Acaso esos institutos que se están dejando caer en la Comunidad Valenciana, en los que se han eliminado comedor, calefacción; se han recortado profesorado, infraestructuras, asignaturas, no podrían mejorarse si esos otros centros religiosos o del Opus aplicaran una mínima solidaridad? ¿Y los padres que eligen estos centros no será porque con esa caridad cristiana que sin duda les enseñarán a sus hijos, no quieren que estos compartan pupitre con inmigrantes o gente sin recursos que en los centros privados concertados casi no existen? ¿Y eso es lo tenemos que pagar?

Seamos serios, señoras y señores del PP: ya está bien de gobernar con esa desvergüenza que casualmente les hace defender siempre a los suyos. ¿Están ustedes favoreciendo a sus votantes?

Pero no sólo es la ley del embudo por esto: los ciudadanos de a pie procuramos cumplir la ley y si el Supremo dicta sentencia en algo que nos atañe, lo acatamos. Los ministros, no. Se echan al monte y dicen que cambiarán la ley para no acatar la sentencia. Ejemplar.

Ustedes pueden gobernar con decretos ley, como llevan meses haciéndolo; pueden mentir, como lo hicieron en la campaña electoral, a sabiendas de que lo que prometían era humo. Ustedes querían el poder para darles chollos a los suyos. Por eso se esfuerzan en privatizarlo todo. No es por interés por España, entendámoslo, es por el interés de ustedes y los suyos.

 

Basta. Si la enseñanza pública no le gusta, señor ministro, en nombre de la “santa elección” que usted defiende, váyase, dimita. ¿Entienden ustedes estas palabras? Pero si decide actuar de acuerdo con su cargo, mejórela, dótela como es debido, convoque oposiciones y no olvide que si esta enseñanza pública fracasa, fracasa usted como ministro.

DVD ediciones cierra

DVD ediciones cierra. Aunque Sergio Gaspar, gran poeta y director de DVD ediciones, lo venía anunciando hace tiempo y hace tiempo hablaba de los problemas que le ocasionaban los impagos, siempre he tenido la esperanza de que la editorial que, como toda editorial independiente, ha pasado por tantas dificultades, se repusiera. No ha sido así y lo lamento. En primer lugar, por Sergio Gaspar y por María Fortuny, que han trabajado duramente por este proyecto de ya larga trayectoria. Después, lo siento por mí misma, que he publicado dos libros en esta editorial: El bosque de serbal y Leonardo da Vinci: Obstinado rigor. Si DVD ediciones ha conseguido que sus autores, a la hora de quedarse sin la que consideran su editorial –es mi caso– lo lamenten, sobre todo, por los editores, por amistad profunda hacia los editores, eso quiere decir que el trabajo de DVD ediciones ha sido único por la proximidad y la entrega con que han acogido a cada autor, a cada libro; por el interés  con que se han preocupado de todo el proceso que conlleva la edición: distribución, críticas, difusión…  Porque han defendido cada libro más que si fuera propio.

Desde aquí lamento que un proyecto como el de DVD ediciones se paralice. La cultura de este país se resentirá, aunque no sea muy consciente ahora de la importancia de este hecho. Gracias a Sergio Gaspar y a María Fortuny por su excelente trabajo.

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